26º FESTIVAL DE DANZA ALMUDENA LOBÓN
CRÍTICA > danza
El fulgor de la estrella
26ª gala de la escuela profesional de danza almudena lobón
Programa: Demostraciones, con música de Cesare Pugni y coreografía de Almudena Lobón; Fever Suite, con música de Presley y coreografía de M. Cancela; El Lago de los Cisnes, con música de Tchaikovsky y coreografía, puesta en escena y diseño de Almudena Lobón, según Petipa e Ivanov. Denise Fuentealba y David Mejías al frente de un amplísimo reparto. Lugar: Auditorio Baluarte. Fecha: 22 de junio de 2008. Público: lleno el patio de butacas.
POR teobaldos
LATZEN, fin de curso de las escuelas de danza nos proporciona bellas y entrañables estampas de movimiento y simetrías, desde los primeros pasos hasta el nivel profesional. La de Almudena Lobón sigue marcando la pauta al programar El Lago de los Cisnes y meter en la prodigiosa disciplina clásica a sus alumnos. Alumnos que solucionan con mucho trabajo y una gran corrección las exigencias de la coreografía que se mantiene en lo fundamental aunque Almudena suprima alguna variación. El lago de este año ha tenido varias novedades que, a mi juicio, suponen avances; y eso, siempre es bueno. Por una parte, la producción ha introducido concepto modernos de tramoya, espectaculares y muy bien realizados, que superan el típico cartón piedra ; por ejemplo, el pasaje del lago embravecido y el efecto de las olas. También hubo detalles muy a tener en cuenta en la presentación del escenario, con proyecciones en primer plano, y luminotecnia muy bien lograda. Por otra, el nivel técnico de los bailarines sube peldaños hasta presentar, en esta ocasión, una Odette con categoría de estrella. Efectivamente Denise Fuentealba bordó su papel, y nos trasladó a la emoción de las grandes noches de ballet. Muy bien asistida por David Mejías, siguió un fraseo impecable de clasicismo, pero nada encorsetado, muy emotivo y con multitud de registros dentro de un baile fluido y elegante. Hizo muy bien los detalles zoomórficos del personaje, subió a las puntas con la delicadeza de la llovizna, y configuró un movimiento de brazos que no sólo dibujaba alas, sino que eran el motor del movimiento. Fueron detalles excelsos sobre las sólidas elevaciones y las nítidas caídas. Toda la belleza de la bailarina. Le dio la réplica Garazi Ostiz con una Odile potente y muy bien resuelta en lo que se le encomendó. Supongo que en otro momento le veremos la variación.

Aunque el papel de Sigfrido quedó eclipsado por la bailarina, David Mejías lo defendió con seguridad y fortaleza, haciendo alarde de algunos giros espectaculares. Iñaki Cobos y J. Carlos Lesaca lucieron porte y clase en su no muy largo rol de amigos de Sigfrido. Su paso a dos fue elegante y de amplia envergadura. Otra sorpresa positiva fueron los tres bufones encargados a Marcelo Martínez, Egoitz Segura y Joseba Yerro. La verdad es que éstos tres jóvenes bailarines van evolucionando en un cresccendo espectacular. Marcelo domina un virtuosismo ya bastante poderoso. Egoitz se mueve con cierta elegancia innata. Y Joseba baila con una alegría y una luminosidad contagiosas. Los tres se hicieron estupendamente con el papel de bufón, con una danza saltarina y vivaz. A veces, quizás, demasiado suelta para el clasicismo, pero, en todo caso, muy apropiada al rol. Es buena idea que sean el hilo conductor de los diversos grupos que desfilan por los folklorismos de la obra. Como siempre coloristas, agradecidos y bien resueltos por el cuerpo de baile. A destacar los dúos, tríos y cuartetos; y, en general, todos los grupettos que van dando vida a la gran partitura. Y sobre todos ellos el ballet blanco: esa ensoñación almidonada, purísima, que se mueve entre la simetría impecable de las puntas, y la libertad alada de la danza. Y que guarda las esencias fundamentales del ballet. Es lo que se trata de transmitir a la multitud de chavalería que, como palomitas de maíz, abrían la función con el desfile y las demostraciones.

 

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25º Festival de Danza

CRÍTICA > ballet

La reina del lago

escuela profesional de danza almudena lobón
Demostraciones: Música de W.A. Mozart; coreografía de A. Lobón. El lago de los cisnes: Música de Tchaikovsky; coreografía de A. Lobón, según Marius Petiipa y Lev Ivanov. New York, New York suite: Música de John Kander-Fred Ebb. Coreografía de Manuel Cancela. Bailarín invitado: José Tirado. Orquesta Sinfónica de Chamartín. Dirección musical: Silvia Sanz Torre. Auditorio Baluarte. Fecha: 24 de junio de 2007.

POR teobaldos
ALMUDENA Lobón quiso acompañar desde el escenario a sus alumnos y al bailarín invitado José Tirado para celebrar, junto a todos ellos, el veinticinco aniversario de su escuela de danza. Elegante, regia, altiva, con ese porte rítmico que siempre conservan las bailarinas al andar; Almudena quiso respirar el aire escénico con la aterciopelada melancolía del tiempo pasado; pero, sobre todo, con el orgullo del trabajo bien hecho; con la satisfacción de que, a pesar de todo, los cisnes pueden seguir viviendo, soñando, volando y muriendo. Para estas bodas de plata en la enseñanza de ballet, la escuela profesional que lleva su nombre organizó una velada como las de las grandes noches del ballet: orquesta en el foso, vestuario muy rico, iluminación cuidada y, sobre todo, profusión de bailarines -en algún momento, 24 cisnes en escena- con un nivel muy alto. Ciertamente, hoy día, es un lujo interpretar un ballet con música en directo; y, aunque la orquesta contratada no colmó, ni mucho menos, las expectativas que exige Tchaikovsky, hay que agradecer el esfuerzo y, lo que es más importante, sub-rayar el criterio tan acertado y tan respetuoso de querer ofrecer el ballet como era en sus orígenes.

El espectáculo comenzó con las siempre entrañables demostraciones de los más pequeños sobre la cosquilleante música de Mozart. Y terminó con una refrescante coreografía de Cancela: muy cabaretera, pero bien encajada en la simetría y elegante, a modo de despedida festiva de la velada. Como plato fuerte del programa, un Lago de los cisnes muy colorista y lleno de buen ballet. No es tan importante citar nombre cuanto dejar constancia de la asunción del estilo por parte de todo el conjunto de baile. Se aprecian aptitudes más o menos llamativas en los bailarines, pero todos están dentro de los parámetros de esa cultura clásica de la danza que es la que se quiere inculcar. En la subida a los solos de los protagonistas se demostró que algunos alumnos se van consolidando en la difícil y extraordinaria disciplina de la danza clásica. Así, Iñaki Cobos, David Mejías y J. Carlos Lesaca compusieron unos amigos de Sigfrido muy convincentes; excelente el vuelo de los dos primeros, muy elegante el de Iñaki, más terrenal el de David. Los bufones de Dario, Marcelo, Egoitz y Joseba fueron brillantes, muy cerca de la acrobacia. Maravillosas en puntas las princesas solistas Cristina del Pozo, Garazi Ostiz; así como las damas de la corte Marta Sanz y Paula Mendivil. Excelente el paso a cuatro de los cisnes. Y llenos de gracia los húngaros , napolitanos, cosacos y españoles ; cada uno bien encajado en su ambiente.

José Tirado -el bailarín invitado a quien recordamos, sobre todo, por la extraordinaria coreografía de los hombres-cisne de Matthew Bourne- tiene una presencia en el escenario imponente. Combina una rotunda fortaleza con una apolínea prestancia que parece siempre dispuesta al vuelo. Sus emportés a la bailarina fueron de auténtico lujo. Sus intervenciones solistas en las variaciones quedarán en el recuerdo y en el magisterio de esta escuela. La Odette de Denise Fuentealba es consciente y frágil a la vez, volátil en los emplazamientos en puntas. Dórica en la vertical. Muy bella. Y la Odile de Teresa Jiménez, bien trabajada y en perfecta réplica a la Odette. Todo, a pesar de alguna zancadilla de la orquesta. La velada, inevitablemente un poco larga, terminó con flores y ovación de gala para todos. Gala de veinticinco años. Que sean muchos más.

Enhorabuena.

Diario de Noticias, 28 de Junio de 2007

                    


Festival 2006

CRÍTICA > DANZA
Espléndida trayectoria
ESCUELA PROFESIONAL DE DANZA ALMUDENA LOBÓN
Dirección artística: Almudena Lobón. Asistente de dirección artística: Cristina del Pozo. Obras: 'Demostraciones', 'Inevitablemente Mozart' y 'La Bayadera'. Día y lugar: 11 de junio de 2006. Auditorio Baluarte.
POR TEOBALDOS
NO me cansaré de repetir que es absolutamente extraordinario poder disfrutar de una obra del gran repertorio de danza como La Bayadera , en un programa de fin de curso de una escuela. Y con un nivel en el que, a la simple complacencia de familiares y amigos de los bailarines, se suma una categoría profesional en algunos componentes, francamente admirable. Bayadera , el ballet de Minkus y Petipa, convenientemente revisado por Almudena Lobón, ya lo pudimos ver en la sesión del pasado año; así que este año lo hemos disfrutado doblemente porque está más asimilado y maduro en muchos alumnos que ya lo bailaron. Como siempre que Almudena aborda una gran obra, el vestuario está muy cuidado, es eminentemente colorista y, a la vez que ambienta las escenas exóticas de la narración, es un reflejo de alegría y pedagogía para los más jóvenes, muchos todavía niños. No se repara en gastos para las luces, que son fundamentales para la escena, y con pequeños detalles de atrezzo , se logra un ambiente que, aquí, es siempre elegante. Este año además se han añadido nuevas variaciones y se ha podido contar con una estrella excepcional -Amaia Pardo, recientemente premiada en un certamen de danza- como en las grandes noches de ballet. El resultado fue una representación fluida, cargada de bellísimos momentos, tanto por el despliegue generoso de puntas que en todo momento hacen las bailarinas, como por la actuación de Pardo, impecable en las evoluciones y muy bien secundada por su partenaire David Mejías, quien, por cierto, se ha puesto a gran altura en tan poco tiempo. Muy bien las diversas intervenciones de todos los grupos que desfilan por esta historia de lejanías y sueños, con pasajes emocionantes como el solo del jovencísimo solista masculino; o la abrumadora belleza del ballet blanco del último acto. Muy valiente la intervención de los jóvenes nobles, a quienes animo de forma especial por lo difícil que es aún hoy día ver un grupo nutrido de chicos en una escuela.

Pero si La Bayadera era el plato fuerte del espectáculo, no dejó de sorprendernos la cosquilleante, luminosa y preciosa coreografía que se presentó con música de Mozart como homenaje al compositor. Ciertamente la música del genial salzburgués se acomoda muy bien entre los tutús -clasicismo musical en busca del romanticismo-, y que además resulta sublime cuando se aborda el adagio del famoso concierto para piano número 21 desde la barra de ejercicios, en una variación llena de musicalidad, melancolía y excelentes pasos de ballet. Y es que con Mozart, si se hace bien, se puede hacer de todo. Desde jugar, como lo hicieron los más pequeños correteando por la marcha turca , hasta atrapar toda la belleza de esa música y no dejar que se escape de la piel, sino que tome forma femenina o masculina de encuentros y desencuentros, de diálogos corporales siempre muy bellos.

Ya es la 24ª edición de la gala de esta escuela profesional. Ha sido una evolución ascendente, llena de prestigio y con excelentes resultados. A partir de ahora preparan ya las bodas de plata. Espero que desde las instancias públicas se reconozca y apoye la labor de este centro tan importante para la danza clásica en Pamplona.

                         

 

Festival 2005

CRÍTICA > DANZA

Diario de Noticias, 30 jun. 2005


Alta Escuela de Danza

Festival de danza Almudena Lobón

Programa: 'Demostraciones', coreografía de Almudena Lobón, música, Charles Gounod. 'La Bayadera', ballet en tres actos con música de Minkus y coreografía de A. Lobón (après Petipa). 'Tournin´me on', con música de Nina Sky y coreografía de Manuel Cancela. 'Touch', coreografía de Antonio Calero y música de James Newton.

Intérpretes: Alumnos de la Escuela Profesional de Danza Almudena Lobón. Compañía Aldanza de la misma escuela.

Lugar : Auditorio Baluarte. Fecha : 27 de junio de 2005.

CIERTAMENTE puede considerarse un acontecimiento para la danza, en nuestra ciudad, que una escuela, con elementos propios, ponga en escena La Bayadera , uno de los grandes ballets clásicos, con la profesionalidad y la belleza que lo ha hecho Almudena Lobón.

Sin duda, hay que sacar consecuenciasy meditar sobre el enorme legado artístico que supone, para la danza clásica, el trabajo de esta escuela que, indudablemente, no es de unos días sino de muchos años, llegando a un nivel altísimo.

Metiéndonos ya en el exótico cuento del príncipe Solor y la malograda Nikiya; el espectáculo resultó luminoso y colorista, ágil en la sucesión de escenas y francamente emocionante en la danza de Amaia Pardo, en el papel de Nikiya, que brilló como una gran estrella. A su lado, un David Mejías -como Solor- contundente y poderoso en las elevaciones (emportes) a la bailarina y muy convincente y compenetrado con ella. Ambos compusieron unos pasos totalmente en el estilo, con plantes hermosísimos. Amaia Pardo, además de dominar espectacularmente la técnica -puntas, giros, vertical...- tiene una expresividad muy luminosa, de esas que salen de dentro y que componen el personaje con carácter. Su estética personal corresponde a la estilística de la obra, y transmite toda la emoción del ballet clásico, el gesto y el movimiento elevados a lo sublime. Excelente también Dense Fuentealba como princesa Gamzatti.

Junto al gran plantel de solistas -incluidos también los solemnes figurantes- fueron desfilando demi-solistas y cuerpo de baile con un gran nivel interpretativo y con extraordinarias sorpresas en los niños prodigio de la danza que hicieron las variaciones tal cual, sin escatimar piruetas ni puntas. Por cierto, el elemento masculino está aquí más presente que en ninguna otra escuela, lo cual es esperanzador. El comienzo del ballet blanco del último acto fue, sencillamente, majestuoso, con la famosa salida, de una en una, de las bailarinas hasta completar la magnífica cuadratura de veinticuatro, que marca uno de los cuadros estéticamente más bellos y tópicos del ballet. Como siempre, estuvo muy bien solucionado el espacio escénico, con pocos elementos, pero eficaces, y la iluminación sacó resplandor a un vestuario rico y barroco. Es un hito montar este ballet.

El programa empezó con las demostraciones, en las que los más pequeños ya componen simetrías. Y terminó con un distendido y marchoso número coreografiado por Manuel Cancela, y con Touch!, una obra de Calero, de la que ya dimos cuenta en esta sección hace poco, muy bien bailada por la compañía que la propia Almudena ha creado para dar salida a sus bailarines -Aldanza-.

Una gran noche de ballet con ese Reino de las sombras , absolutamente sugestivo, lleno de blancura y danza, que mantiene vivo todo el encanto clásico de este arte.

TEOBALDOS


Festival 2004

CRÍTICA > DANZA

Diario de Noticias, Miércoles, 23 jun. 2004 Núm. 2905 
El gusto por la danza

ESCUELA PROFESIONAL DE DANZA ALMUDENA LOBÓN

Programa: COPPELIA (música de Leo Delibes, coreografía de Lobón-Saint-León); PAQUITA (Minkus/Petipa/Lobón); LIKE I LOVE YOU (Timberlake/Cancela. Chicago Cancela; MOZARTARABESQUE (Mozart/Calero).

Lugar: Auditorio Baluarte. Fecha: 19 de junio de 2004.

OTRO año más Almudena Lobón vuelve a sorprendernos con un espectáculo de danza que trasciende el planteamiento meramente académico para llevarnos al mundo del gran ballet clásico donde prevalece el gusto por la danza, sin engaños ni tapujos, basado en la belleza y la disciplina. Atesora esta escuela los valores clásicos como algo sagrado, y Almudena Lobón sabe acomodar el repertorio de ballet romántico, el clásico y el neoclásico a sus alumnos con un rigor casi científico a partir de las coreografías de Saint-León o Petipa; sin desvirtuar un ápice el estilo, y respetando los difíciles pasos, totalmente, cuando la altísima cualificación de sus bailarines solistas, lo permiten. El resultado es que, salvo las inevitables y por otra parte muy agradables, citas de demostraciones, el espectador se olvida totalmente de la pedagogía para integrarse plenamente en una función de ballet. Precisamente, ya desde estas infantiles demostraciones, se aprecia la disciplina y valentía que la escuela impone a sus alumnos desde el principio. A las minúsculas bailarinas se les impone ya un tempo rápido y una simetría que, mal que bien, solucionan; indicativo de la alta exigencia de la escuela.

Como apertura del programa balletístico, una radiante, rica en vestuario y luz y ordenada Coppella nos introdujo en el más puro ballet romántico y pantomímico; en una velada en la que se volvió a poner de manifiesto que a las estupendas evoluciones de un muy disciplinado cuerpo de baile, corresponde, siempre una excelente solista, que impregna de brillo y personalidad propia la versión. Se corre el riesgo de dejarse algún nombre importante, por la cantidad de intérpretes; pero hay que citar la profesionalidad innegable y la sensibilidad de Olga Ausejo, Amaia Pardo, Alex Juango, Arantza Chivite, Idoia Bilbao, Ainara Ferrer, Sae Furuno, etcétera. Es sorprendente ver cómo la jovencísima Sae Furuno es capaz de saltar con tal contundencia sobre las puntas. Y, también apreciamos cómo algunas bailarinas del pasado año han mejorado, sobre una línea que viene ya, muy conseguida; Amaya, Ainara, etcétera.

La selección ofrecida del ballet Paquita de Minkus fue una de las cumbres de la tarde. De la evolución del cuerpo de baile -la impresionante y poblada diagonal, por ejemplo- surgió una elegantísima y perfecta Olga Ausejo; y un infantil y mágico paso a dos con Sae Furuno y Marcelo Martínez -no sé si llegarán a los 10 años- que fue todo un descubrimiento.

Siguieron en el programa dos coreografías de Manuel Cancela muy poderosas, llenas de ritmo contemporáneo, muy bien asimiladas por los intérpretes y de excelente realización, no en vano se tiene una gran preparación de fondo clásico. Terminó el programa con Mozartarabesque , la exitosa coreografía de Antonio Calero, verdadera revelación de la temporada de ballet del pasado mes de mayo y que pone de manifiesto el alto nivel profesional de la escuela. 

Teobaldos