Críticas (2009)

Giselle - las Wilis --- 27º Festival de Danza Almudena Lobón

La Sala Principal del Baluarte acogió Domingo 21de Junio de 2009 la 27ª Gala de Danza Almudena Lobón. En la edición de este año, después de las demostraciones de los alumnos/as de Danza Clásica (primer ciclo) y Danza Moderna, Almudena presentó "Giselle", ballet en dos actos con música de Adolphe Adam, con una puesta en escena que contó con una adaptación coreográfica de la misma Almudena, manteniendo el estilo y las coreografías originales de J. Coralli y J. Perrot. En esta puesta en escena intervinieron 120 bailarines, todos ellos alumnos de la Escuela Profesional de Danza Almudena Lobón. Los bailarines de ALDANZA, Almudena Lobón Cía de Danza, se hicieron cargo de los papeles pricipales.

Festival de Danza

EL DOMINGO CON LA BOCA ABIERTA
por Germán Ulzurrun
La tarde dominical en Pamplona reunía todos los ingredientes para provocar el bostezo. Y vaya si acabe con la boca abierta. De par en par. Pero fue como efecto de la admiración inesperada durante un espectáculo de ballet.
Verán. La cosa pintaba ful. Inmerso en la modorra vespertina, herencia de la cena del sábado por Gorráiz con su trasnoche, lo que menos apetecía era recalar por El Baluarte como espectador de una muestra de alumnas de ballet. Por aquello de que se presupone mucha moral para soportar a niñas repipis enfundadas en el tutú, delicia de papás y abuelitos tirando a cursis y relamidos.
No iba como ven, sobrado precisamente de convicción ni entusiasmo. La cosa es que conforme se alzo el telón de la 27ª Gala de la Danza y las peques poblaron el escenario, empecé a comprobar que traían sobre las zapatillas horas de esfuerzo, ensayos, disciplina, afición y labor en equipo. Vaya, hombre. La demostración fin de curso de la escuela de Almudena Lobón tuvo simpatía y espontaneidad. Apuntaba también maneras de trabajo bien hecho. Merito raro en el país de la improvisación y la chapuza.
La situación devino en apta para aguantar con la boca quieta, abrir los ojos y aguzar oídos. La representación quo vino detrás, ‘Giselle (las Willis)’, fue todo un señor espectáculo. Precisión coreográfica, interpretación ambientación escénica y vestuario elaborado. Participaron muchos bailarines de edades variadas y todos los hicieron requetebién. Así que las ovaciones sonaron cerradas, sinceras y prolongadas. Si en Pamplona somos capaces, y lo del domingo empieza a hacerme pensar que sí, de promover espectáculos de esta categoría desde la base y con gente de casa, habrá que empezar a tomarse más en serio la posibilidad de postular nuestra ciudad como sede compartida de la capitalidad cultural europea en el año 2016. Chicas, las que más: chicos, los menos, de verdad que merecía la pena veros actuar. Os lo dice un espectador que acudió lleno de prejuicios. La próxima vez que me acerque lo haré más animoso y mucho mejor dispuesto.
La ventana – Diario de Navarra, 23 Junio de 2009

UNA “GISELLE” DE ALTURA
Ballet de la Escuela de Almudena Lobón.
Intérpretes: Ballet de la Escuela Profesional de Danza Almudena Lobón.
Programa: Demostraciones de danza clásica y moderna. ‘Giselle‘: Ballet en dos actos con música de Adolphe Adam y coreografia de Almudena Lobón según Corelli y Perrot Con Denise Fueltealba, lñaki Cobos, David Mejías, Garazi Ortiz, Amaia Remón, Marcelo Martínez, Egoitz Segura y Juan Carlos Lesaca, al frente de un extenso reparto.
Producción: Duilio Abbondi. Iluminación: Rafa Larumbe. Vestuario: M. José Mora. Programación: Escuela de A. Lobón. Lugar y fecha: Auditorio Baluarte. 21 de junio de 2009.

por Teolbaldos

Festival de Danza

La espléndida producción de Giselle -uno de los ballet emblemáticos del repertorio- presentada por Almudena Lobón es uno de esos milagros que, de vez en cuando, se dan en nuestra ciudad, y que sacan a flote sabiduría y mucho trabajo oculto, cotidiano, y de inusitada envergadura, que sorprende por su acabado y su profesionalidad; incluso para los que seguimos a esta ilustre profesora de danza, ya desde hace tiempo. No conviene mirar hacia otro lado –me refiero a la oficialidad- cuando surge este enorme material artístico en el campo de la danza.

El ballet fantástico de los libretistas Saint-Georges y Gautier ha estado alojado, en esta ocasión, en una puesta en escena clásica, con decorados tradicionales, un vestuario espectacular muy bien conjuntado, y una iluminación logradísima que ha ahuyentado toda sensación de localismo rancio, y ha propiciado una sensación de cercanía y cotidianidad en la fiesta popular del primer acto; y una misteriosa penumbra en el segundo, que, sin embargo transmitía una gran nitidez para que sobresalieran las Wilis y los protagonistas. El acierto de elegir una muy buena grabación sinfónica y no una de foso, para la música, completo el perfecto arropamiento a los bailarines.

Al abrirse el telón, ya me gusto la actitud actoral de los intérpretes. Hay mucha pantomima y, como en los recitativos de opera, se corre el riesgo de no llegar o pasarse en la expresión. Aquí todo estuvo en su sitio, sin exagerar los movimientos. Con detalles muy bellos, por ejemplo la complicidad entre Giselle y el príncipe y la cercanía al sonar el tema de ella. Presentado el argumento de forma clara, el desarrollo de las danzas populares y festivas fue otra piedra de toque bien resuelta. En algunos momentos había más de sesenta personas en el escenario y, sin embargo, nunca hubo sensación de agobio. La disciplina se impuso y la soltura en los bailes transmitió de verdad al publico ese ambiente festivo. Bien organizadas las ruedas en grupos, las entradas y salidas, destacaron los solistas y demisolistas con espléndidas realizaciones de las verdaderas arias de concierto de Remón, Martínez, Segura y Lesaca. Cada uno de ellos adecuando la estética de sus respectivos cuerpos al estilo de bailar. Muy aplaudidos por el público.
Es una idea estupenda y muy pedagógica -y desde luego trabajosa- hacer participes, también, a los más pequeños en la fiesta y en el cuento. Ellos no pueden bailar como los mayores, pero, tal como se hizo, no entorpecen la narración, y se mueven como se moverían los crios en un ambiente rural. El cuerpo de baile de las Wilis fue otro plato fuerte, crearon la atmosfera fantástica, el marco ideal para la ensoñación, y resolvieron con decisión el paso de la fuga entrecruzada. Eso de después de varios cruces de escenario en puntas. Garazi Ostiz hizo una Mirtha con autoridad y muy bien bailada, siempre por encima del personaje en facultades. David Mejias, que esta vez baila poco, fue muy convincente en su rol de Hilarión. lñaki Cobos, como el duque Albretch, fue una revelación. Dio altura al ballet y, con su envergadura, hizo que las elevaciones de la bailarina lucieran el doble. Capto un fraseo lento y cuidado para toda su intervención. Un vuelo ingrávido y tenido para su partenaire. Una verticalidad infinita para los momentos álgidos. Era arriesgado compaginar las bajadas con la música, y, sin embargo, las medidas fueron milimétricas, exactas. A eso añade una elegancia innata y una presencia escénica de las que llenan el escenario. La diagonal caminando hacia la tumba, manteniendo un tempo casi majestuoso, denota una gran madurez. En sus brazos Denise Feuntealba fue una verdadera diva -de primera estrella-. Ya me he referido a ella en otras ocasiones. Aquí me gusto el cambio del primer acto -virtuoso, desenfadado, casi exhibicionista del personaje- con el segundo: un dramatismo sobrio y comedido. Son dos personalidades totalmente distintas que la bailarina asumió, con una interiorización de la danza en el final, llena de espiritualidad.

Almudena. Muchas gracias por todo.
Diario de Noticias, 24 de junio de 2009. nº 5498